
¡Hola, amigos! La tradición oral andina ha transmitido una gran variedad de mitos, leyendas y fábulas. Cada historia tiene diferentes versiones según la región de donde proviene, incorporando elementos únicos del folclore y las costumbres locales.
Aunque los personajes animales pueden variar, la esencia y la estructura narrativa se mantienen iguales. Un buen ejemplo es “El zorro y el cuy”, que aparece en varias regiones hispanoamericanas con la misma trama básica pero con múltiples variaciones en los detalles.
La versión más conocida cuenta la historia de un cuy astuto que logra engañar al zorro varias veces. Para esta publicación, elegí la versión presentada en el canal cultural de YouTube de la Universidad de Cuenca, Ecuador, que puedes ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=K7Bvi6zMDWk
Extraje el audio y añadí la transcripción, que puedes escuchar y leer a continuación. Además, dividí el texto en secciones para poder ofrecer una traducción al inglés debajo de cada fragmento.
También, si quieres, puedo enviarte un documento con preguntas desafiantes para ayudarte a mejorar aún más tu español. Y, por supuesto, la mejor parte será nuestra próxima clase, donde tendremos un debate estimulante sobre esta historia.
IMPORTANTE: Este sitio web es exclusivamente para fines educativos y está dirigido sólo a mis estudiantes. Aunque mi sitio web está disponible en internet, el contenido es de uso privado para mis alumnos. No tengo la intención de infringir ningún derecho de autor y siempre proporciono enlaces a las publicaciones originales. Siempre adapto estas obras con un enfoque educativo, sin fines comerciales.
Hace ya algún tiempo, había un campesino que tenía una chacra muy hermosa. Pero un día, encontró sus plantas rotas y a medio comer.
“¿Quién se ha comido mi cosecha? Tengo que poner una trampa”. Para atrapar a quien estaba destruyendo su chacra, el campesino construyó una trampa, la puso en un lugar adecuado y esperó.
A la media noche, escuchó unos gritos. Alguien había caído en la trampa. Al día siguiente, el campesino corrió a su chacra y se encontró con el culpable. “Ah, ¿con que tú has sido el ladrón de mi chacra, cuy condenado? Ya vas a ver: mañana serás nuestro almuerzo por ladronzuelo. ¡Ja, ja, ja, ja!”.
El campesino lo amarró a una estaca, regresó a su casa y pidió a una de sus hijas que hirviera agua para pelar al cuy. “Hmm. Qué rico. Voy a comer cuysito con papas”.
El cuy, amarrado a la estaca, forcejeaba, mordía inútilmente la soga, y hasta que se dio por vencido a su cruel destino. De repente, apareció un zorro que le preguntó: “¿Qué te sucedió, compadrito?”.
“El campesino me tiene amarrado y quiere que me case con una de sus hijas hasta que aprenda a comer la gallina, porque esta familia sólo come gallinas. Compadre, a ti te encantan las gallinas. ¿Por qué no me desatas y te pones en mi lugar? Así comerás carne de gallina todos los días, accediendo a casarte con una de sus hijas. Te haré ese favor”.
El zorro, muy contento y agradecido, desató al cuy y se amarró en su lugar. Al día siguiente, al llegar el campesino en su chacra, con un cuchillo en la mano, muy grande fue su sorpresa cuando vio a un zorro amarrado.
“Qué raro. Ayer eras un cuy y ahora eres un zorro”. Fue ahí que el campesino agarró a latigazos al zorro, hasta que el pobre gritó con todas sus fuerzas: “Ah, sí me casaré… Sí me casaré”.
“¿Qué carajo hablas, zorro? ¿Por qué gritas esas palabras?”.
El zorro le explicó todas las mentiras del cuy. El dueño se puso a reír y después lo soltó, un tanto arrepentido de haber descargado su ira con el zorro. Desde ese día, el zorro comenzó a buscar al cuy, porque quería cobrarse la revancha de todos los latigazos que recibió.
Un día, se topó con él, y pensó que había llegado la hora de la venganza. El cuy, viendo que ya no podía huir, se puso a empujar una enorme roca y el zorro se le acercó para cumplir su cometido.
Pero el cuy reaccionó: “Compadre zorro, a tiempo has venido. Tienes que ayudarme a sostener esta roca. La tierra se va a voltear y esta roca puede aplastarnos a todos”.
Al comienzo, el zorro dudaba, pero la cara de asustado que ponía el cuy terminó por convencerlo. Y empezó a ayudarlo. Es decir, a sostener la gigantesca roca. Después de un rato, el cuy le dijo: “Compadre, mientras tú empujas, yo voy a buscar una piedra grande. Un palo para acuñar esta roca”.
Pasó un día, dos días, y el cuy no volvía con la cuña para sostener la piedra. El zorro ya no podía más. “Soltaré la roca, aunque me mate”, pensó. Dio un salto hacia atrás. Pero la roca ni se movió. “¡Maldito cuy, otra vez me ha engañado! Pero ésta será la última, ¡porque lo voy a matar!”.
Una noche que estaba en busca de comida se encontró al cuy, en el borde de un pozo de agua. El cuy al verlo, comenzó a lloriquear.
“Qué mala suerte tienes, compadre, que te estaba llevando un queso grande, pero se ha caído en este pozo”. El zorro se asomó y vio en el agujero el reflejo de la luna llena.
“¡Ése es el queso”.
“Tenemos que sacarlo”.
“Vamos a hacer esto, compadre. Usted entra cabeza abajo y yo le sujeto de los pies”.
Y lo hicieron por un buen rato. El cuy, agarrándolo, dijo: ”¡Ay, usted es muy pesado, compadre! ¡Ya casi no puedo aguantarlo!”.
Dicho esto, lo soltó. El pobre zorro gritando de cabeza cayó en el pozo. Y así cuentan que el inocente zorro murió ahogado.
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Ahora que has leído la historia, ¡estamos listos para discutirla! ¿Cuál crees que es la enseñanza de la historia? ¡Hay muchas interpretaciones! Algunos dicen que muestra lo triste que es cuando una persona inocente es engañada. Otros creen que nos enseña que, en el mundo real, la inteligencia es más importante que la fuerza. ¿Cuál es tu opinión? Hablaremos de todo esto en nuestra próxima clase.
Además, recuerda que, si quieres, puedo enviarte un documento con preguntas para ayudarte a practicar la escritura y organizar tus ideas para tener un mejor debate.